Diréis que cada día estoy más vago para escribir, ¿verdad? Pues no es cierto, no. Lo que ocurre es que cada día parece que hay menos horas y más cosas que hacer. Esta semana se me han pasado mañanas enteras entre médicos, dentistas, papeles...
Y es que por un lado tenemos a Miriam con pruebas para que le miren qué le pasa en la tripa, que lleva mucho tiempo con molestias. Esta semana le han hecho un par de pruebas para ver si es intolerancia a la lactosa, una bacteria o qué demonios. Seguro que alguno pensará que son los nervios, que se le agarrotan en el estómago por el idioma, etc etc. Bien, para que nadie tenga la tentación de pensar eso, le diré que ya tenía las molestias muuuucho antes de venir aquí. Yo pienso que son gases. Que la niña es muy "fisna" y no le sale lo que tiene que salirle por donde tiene que salirle... Tiempo al tiempo.
Pero ella está muy contenta aquí. En el colegio va muy bien. Ayer le invitó su amiga Selina a su cumpleaños. La primera invitación que recibimos aquí en Alemania. Pero para ella todo es como lo más natural del mundo. Y se lo pasó chupi. No hay nada como la inocencia de un niño. Cuánta falta nos hace a los mayores, que le damos cien vueltas a las cosas y estamos constantemente proyectándonos un futuro inexistente, siempre con miedo. Y cuánto nos hace falta confiar en el Señor, en lo mucho que nos quiere. Si me creyera en lo profundo de mi ser que es mi Padre, y que como tal cuida de nosotros, otro gallo me cantaría. Lo veo en mis hijos: cómo confían en mí, ciegamente. Porque saben que nada malo les puede ocurrir yendo a mi lado, que su papá cuida y vela por ellos. Y ellos viven tranquilos, en paz, sin miedo. Cada vez entiendo más lo que decía Cristo, cuando hablaba de que el que no sea como un niño no puede entrar en el Reino de los Cielos. Estaba pensando... que será divertido estar en el Reino de los Cielos... todo lleno de niños, jeje.
Luego, tengo a mi Esther (la grande) cambiando los dientes. Esta vez está echando los definitivos... pero fuera de la boca ;-) No, en serio. Tenía unas fundas que estaban en peores condiciones que los tacones de la Lola Flores. Así que no ha quedado más remedio que cambiarlas (la alternativa era que se le quedaran clavadas en algún trozo de carne, jeje). Si es que la edad no perdona. Y aunque para algunos no nos pasan los años, para otras los años hacen estragos... Por cierto (y que quede entre nosotros), el sábado es su cumpleaños. Así que si alguien quiere felicitarla y quedar como un señor/señora, ya sabe.
Y desde esta semana tenemos a mi otra Esther (la pequeña) en el Kindergarten. Va más contenta que unas castañuelas. Y es que desde hace meses llevaba esperando este momento. Está a punto de hacer 3 años y ya tenía ganas de ir al cole como sus hermanos. Cualquier día nos vendrá hablando en alemán. Aunque para mí ya lo hace, porque tiene una lengua de trapo...
Pero los niños aprenden a una velocidad vertiginosa. El otro día Miriam nos traducía a Javier (el otro hermano de la misión) y a mí lo que decía la profesora de Esther. ¡Qué humillante, verdad?! Menos mal que uno ya está curado de espanto. Y cualquier ayuda con el idioma es una bedición del cielo. Así que yo le digo: "Miriam, cuando veas a papá con cara de romano, acude en mi ayuda, porfa."
El otro día pensaba: si estuviera ya trabajando (como me dice tanta gente), creo que ya me habrían echado tres veces del curro. Y es que tendría que haber pedido permiso cada dos por tres por causas varias (ya digo, médicos, dentistas, colegios, papeles... y demás cosas que sólo se pueden hacer por las mañanas). Por suerte o por desgracia soy el que habla y entiende un poquito de alemán y me defiendo en inglés. Eso que parece una tontería, es lo que marca la diferencia entre poder hacer algo o nada. Y no subestimo en absoluto la capacidad de Esther para hacerse entender (al contrario, es sorprendente ver cómo es capaz de hacerse entender incluso hablando en español!!). Pero la barrera del idioma es algo que te limita tanto, que te encuentras absolutamente indefenso si no eres capaz de comunicarte mínimamente. En fin, lo que siempre digo, tiempo al tiempo.
Quería contar alguna cosa más. Como que hoy nos ha invitado a comer a toda la familia una viuda de nuestra comunidad. O que hemos salido por las calles a anunciar la Buena Nueva. O que el otro día recibimos una catequesis estupenda sobre la Cuaresma. O en qué estoy intentando ponerme a trabajar. Pero ya las horas que son no es para estar delante del ordenador.
Además, no quería terminar sin pediros que recéis por unos hermanos de nuestra parroquia, Enrique y Belén, que también han salido de misión hace muy poquito. Están en Guatemala. Por lo que nos han contado hoy, él ha tenido un accidente y está en el hospital. No sé si está grave o no. Lo que sé es la dificultad que tiene la situación, por estar en un país extranjero, porque acaban de llegar, porque sólo se tienen el uno al otro, porque tienen muchos niños. Por favor, acordaos de ellos en vuestras oraciones.
Pongo una foto de la familia al completo (al menos de los que estamos por estas tierras). Es del otro día, que fuimos a ver a unas monjitas que están rezando por nuestra misión. Nos daba el sol de frente, así que no salimos muy afortunados...
